Versoprofetico

Dios puso en la mente humana una vía libre de comunicación entre el hombre y su Creador.

Libre Albedrío

 

Juan 8:36 - "Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres."

Dios es amor. Ese es su caracter. Por amor Dios creó todos los seres vivientes. La vida solo procede de Dios; El es la fuente de la vida. En la Tierra, el hombre fue la corona de la creación de Dios. El hombre fue creado a la imagen de Dios. Dios dio a la raza humana grandes facultades mentales; entre ellas, el poder de razonar y la capacidad de responder con amor, de su propia voluntad, al amor del Creador. Dios quiso que brotara de la fuente divina de amor, sin fuerza ni opresión, el mismo amor y servicio hacia su Creador. Era un gran riezgo crear seres con pleno dominio de su libre albedrío; pero, por seguro, no hay amor cuando la persona que depende de otra se le priva de ejercer su voluntad dentro de las justas leyes de la vida.

Adán y Eva cayeron de la posición donde Dios los colocó por desobedecer el mandamiento expreso del Creador y por colocarse debajo de la autoridad del mismo que se había rebelado en el cielo. Los seres humanos fueron creados con libre albedrío, con una mente libre para decidir por sí mismos. Con amor Dios les había dado la ley de la vida, para que guardándola sus vidas fuesen preservadas y pudiesen vivir en paz hablando con su Creador. Lamentablemente, ellos escogieron desobedecer, abandonar la protección divina, y obedecer al maestro de la muerte, quien como ser creado no posee el don innato de la vida. De pronto, la mano dura del pecado y del nuevo maestro cayó pesadamente sobre sus hombros con miseria, tristeza y muerte. El gobierno de libertad y amor se había ido de ellos y no había poder en el hombre para retornar a su estado anterior.

Miles de años pasaron, y la raza humana sintió, la mayor parte del tiempo, la opresión de sus gobernantes. Dios llamó a Abraham para levantar una nación de creyentes en Él, los cuales llegarían a ser el pueblo de Dios. Con el tiempo, el pueblo se multiplicó en gran manera, pero fueron obligados a trabajar como esclavos. Cuando la mano de Faraón se endureció sobre la casa de Jacob con fuerte presión laboral, éstos clamaron fuertemente al Dios de sus padres. Entre señales y prodigios, y con mano fuerte, Dios liberó a Israel de la servidumdre a los egipcios.

Dios hizo provisión para libertar a su pueblo. "tómese cada uno un cordero..." Exo. 12:3. "Y tomarán de la sangre, y pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer." Exo. 12:7. "Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto... y veré la sangre, y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad..." Exo. 12:12,13. Esta fue una noche de liberación, una noche para creer y decidir obedecer: la primera Pascua. La sangre sobre la puerta fue la señal de obediencia al Dios omnipotente, que aún protegió a cualquier egipcio, que creyendo en el Dios de Israel, vino adentro para alcanzar misericordia y vida. Moisés fue el hombre escogido por Dios para sacar los ejércitos del Señor de la servidumbre y conducirlos a la tierra prometida.

Después de Moisés, Dios eligió a Josué para conducir a su pueblo. Josué señaló al pueblo las consecuencias que sobrevendrían si eran fieles a Dios, y también las consecuencias que vendrían sobre ellos si se olvidaban de su Dios Libertador: "Escogeos hoy a quién sirváis;... que yo y mi casa serviremos a Jehová." Josué 24:15. Aun en Israel, bajo el gobierno de Dios, la salvación y la certeza de pertenecer al pueblo escogido era decidido por el amor, la obediencia y el servicio a Dios. De otra manera, era abierta idolatría, sirviendo a otros dioses. Por tiempos, Israel fue fiel a Dios, y por tiempos se fueron atrás de los ídolos de la tierra, hasta que se encontraron alejados del Señor y bajo la mano de sus enemigos.

Un día de Sábado escucharon la voz de Uno enviado por Dios: "El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados..." Lucas 4:18. El Salvador estaba aquí, en carne humana, para mostrar el amor de Dios hacia la raza perdida. El hambriento fue alimentado, el ciego recibió la vista, el enfermo fue sanado, el pecador perdonado y restaurado a la gracia divina, y al muerto le fue devuelta la vida. ¿Quién podía hacer eso? Solamente Uno Divino, quien era Uno con el Padre. Juan 17:21. Durante su ministerio de tres años y medio, Jesús hizo saber a sus seguidores que "si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres." Juan 8:36. En la región de los Gadarenos estaba un hombre poseído por los demonios, fuera de su mente, viviendo entre las tumbas como un miserable esclavo de los poderes de las tinieblas. Jesús fue directamente a este hombre y lo libró del poder y del dominio de los demonios. Marcos 5:1-13. Si pudiéramos ver, en esta última hora del juicio en el cielo, a Jesús intercediendo por su pueblo, y como quisiera libertar la humanidad entera que está bajo la esclavitud de las tinieblas que cubren el mundo de hoy.

Cuando al principio de su ministerio Jesús dijo: "El tiempo es cumplido" Marcos 1:15, Él se refería al pasaje de Daniel 9:25, donde la computación del tiempo hasta el Mesías Príncipe llegaba hasta el año 27 d. de C., año en que Jesús fue bautizado y comenzó su ministerio. A la mitad de la semana o de los tres y medio años, "se quitará la vida al Mesías" y "hará cesar el sacrificio y la ofrenda." El cumplimiento vino en la primavera del año 31 d. de C. cuando Jesús fue crucificado. Jesús era el Cordero de Dios y su sacrificio terminaba todos los sacrificios de animales. Los discípulos continuaron confirmando el pacto con los Judíos hasta el fin de las setenta semanas, en el año 34 d. de C.; entonces el evangelio comenzó a ir a los Gentiles.

Hubo un momento cuando la copa de la salvación estaba temblando en las manos del Salvador; el destino de la raza humana y de este planeta dependía de la decisión que tomaría el Cordero de Dios que pronto iba a ser ofrecido y dar su vida para salvar a otros. La naturaleza humana con la cual Jesús se había revestido estaba tratando de rehusar la agonía física y mental que le traería el sacrificio de sí mismo. El Padre había separado su voz y su rostro de Aquel que ahora cargaba con los pecados del mundo. Ahora necesitaba encontrar apoyo y sostén en las oraciones de sus discípulos, pero ellos se dormían enseguida. Con el alma angustiada y sintiéndose muy solo, postrado sobre el suelo y agarrado de las rocas frías clamó a Dios: "Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú." Mateo 26:39. Los pecados del mundo entero pesaban tanto sobre los hombros de Jesús que Él sintió una terrible separación de la presencia del Padre; "y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra." Lucas 22:44. La agonía mental fue tal que alteraba las funciones de su cuerpo. Mirando adelante a la humillación, el sacrificio sangriento, el dolor y al clavado sobre la cruz, su angustia subió al punto de la muerte.

Él era la Majestad en el cielo, Uno con el Padre; en cualquier momento Él podría usar sus poderes divinos y liberarse a sí mismo, dejando al hombre que perezca. Él tenía la libertad de escoger. Pero en el corazón de Cristo había amor a su creación, amor a la raza humana, la cual no tenía otro modo de liberarse a sí misma del reino de pecado y muerte. Y por amor, sí por amor, Jesús decide cumplir el propósito divino de rescatar al hombre a todo costo: la humillación provocativa, el ofrecimiento de su sangre y su vida colgando en la cruz. Resueltamente dijo: "Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad." Mateo 26:42. Jesús ya estaba sufriendo y experimentando "así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches." Mateo 12:40. Esa noche, cuando salían del jardín Gethsemaní llegó la turba con sacerdotes y soldados para apresarlo.

Y en el viernes de Pascua, el Mesías dio su sangre y su vida para redimir la familia humana. La sangre redentora de Cristo miraría hacia atrás para expiar y borrar los pecados de Adán, y los pecados de David. La sangre redentora de Cristo miraría hacia el futuro para expiar y borrar los pecados de Pedro, tus pecados, mis pecados, y de cada pecador arrepentido que se entrega al Señor. Y desde ahí, esa gran esperanza, de ser libres en Cristo, ha ido a todos los rincones de la Tierra. La libertad en Cristo no debe ser confundida con libertinaje, vida desenfrenada, lo cual es esclavitud al pecado y a la muerte. En Cristo, el creyente recibe la gracia y el poder para obedecer la ley de libertad: los Diez Mandamientos. Santiago 2:10-12. En resumen esa es la voluntad de Dios para el hombre, amor a Dios y amor a su prójimo. En el día del juicio, la gracia del Señor encontrará a ese creyente que obedece por amor bien libre para entrar en el reino de Dios.

Durante la Edad Media hubo incontable batallas sobre la libertad de conciencia. Los poderes religiosos de ese tiempo fueron al extremo de hacer que fuera un crimen el creer y practicar las simples reglas del evangelio del Señor Jesucristo. Persecución, tortura, y muerte seguían a cualquiera que escogiera adorar a Dios de acuerdo a los dictados de su conciencia. La historia es testigo fiel.

Las ansias de libertad se hicieron mas fuertes a medida que el conocimiento de la Palabra de Dios se esparcía entre el pueblo. Un día oyeron de una tierra de libertad y oportunidad, en el Oeste; y vinieron para gozar de las bendiciones de la libertad en un país que no tuviera rey y una iglesia que no tuviera papa. Aquí, éste era un poder semejante a un cordero, levantándose de la tierra. Apocalipsis 13:11. El cordero tenía dos cuernos, una indicación apropiada de dos poderes separados en esta nación: el poder civil y el poder religioso. Aquéllos que llegaron huyendo de las persecuciones en el viejo continente encontraron en América una nación que protegía los derechos inalienables de la conciencia, y un gobierno que reconocía que las relaciones del hombre con Dios están por encima de las legislaciones humanas.

Pero, por cuánto más tiempo los ciudadanos gozarían de libre conciencia? La profecía añade que el poder profético semejante a un cordero iba a cambiar de caracter: "mas hablaba como un dragón." Apoc. 13:11. Muy a pesar de los hombres que aman la libertad, como de sorpresa, cuando eso suceda, Apoc. 13:12-17 tendrá su cumplimiento. Ni mujeres, ni hombres gozarán de libre albedrío. Muchas profecías apocalípticas tendrán su cumplimiento, inundando la tierra con destrucción y desastres, para despertar a las muchedumbres dormidas. Es la última oportunidad para escoger: una opción es vida eterna, y la otra, es muerte eterna. Una es por el reino de amor y obediencia a los mandamientos del Señor, y la otra es por el reino de los perdidos con obediencia a los poderes terrenales. Cuando la última decisión es tomada, el Juicio se cierra, Cristo se levanta y pronuncia el veredicto final: "El que es injusto, sea injusto todavía ... y el que es justo, sea todavía justificado..." Apoc. 22:11. El fin viene con las siete postreras plagas y la Segunda Venida de Cristo.

 

 

 

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