Versoprofetico

Sellando la Profecía

Las Setenta Semanas

 

Daniel 9:24 - "Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos."

70 semanas = 70 x 7 days = 490 días
En la profecía un día = a un año, entonces = a 490 años
69 semanas = 69 x 7 = 483 años
Desde el 457 BC más 483 años = 27 AD: El Mesías Príncipe
A la mitad de la semana: 31 AD- quitará vida al Mesías - Cristo crucificado
457 BC más 490 años = 34 AD. Fin de las 70 semanas.

Daniel estaba perplejo y no podía entender la profecía: "Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado." (Daniel 8:14) En profecía se da un día por un año. (Números 14:34; Eze. 4:6) Esta profecía se extendería hacia el futuro por dos mil trescientos años.

El ángel Gabriel fue enviado para explicar la visión a Daniel: "Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad ..." (Daniel 9:24) En otras palabras, de los dos mil y trescientos años, setenta semanas proféticas o cuatrocientos noventa contínuos años están separados o cortados para tu pueblo, para la nación judía.

¿Dónde empezar a contar? El ángel dijo: "Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos." (Daniel 9:25) (sesenta y dos plus seven = sesenta y nueve)

Fueron dados tres decretos para edificar y restaurar a Jerusalem:

1. El Rey Ciro, 536 BC para construir el Templo. (Esdras 1:2, 3)
2. Darío, 519 BC para continuar la construcción. (Esdras 6:8-12)
3. Artajerjes, 457 BC reedificar y conceder autonomía nacional. (Esdras 7:12-26)

El decreto de Artajerjes en el 457 BC dio a los Judíos el punto de partida para su existencia política con el nombramiento de magistrados y su propio gobierno bajo los auspicios de Medo-Persia. Desde el 457 BC hasta el Mesías Príncipe debían haber sesenta y nueve proféticas semanas o 483 años. ¿Se cumplió así? Efectivamente, "Y en el año quince del imperio de Tiberio César..." (Lucas 3:1) Este año corresponde al año 27 AD cuando Juan el Bautista comenzó llamando al arrepentimiento y bautizando en el río Jordán.

Jesús, en sus 30, estaba esperando por el tiempo señalado por la profecía: "Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fue hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido." (Lucas 3:21, 22) Aquí, Jesús fue ungido como el Mesías en el otoño del año 27 AD para comenzar su ministerio de 3½ años. La profecía se cumplió con toda precisión.

No hay brecha en el tiempo dado por Dios, la semana setenta sigue inmediatamente a la semana sesenta y nueve. Los siete años de la semana setenta empiezan en el 27 AD y terminan en el 34 AD, terminando también el enfoque de las profecías sobre la nación judía. En los últimos días el enfoque de la profecía no es mas sobre la Jerusalem terrenal, sino en los actores activos para los días finales: Roma Papal y los Estados Unidos de America. (Apoc. 13)

"Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no po sí... Y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda..." (Daniel 9:26, 27) El Mesías fue crucificado al final de 3½ años, a la mitad de la semana, poniendo fin al sistema de sacrificios de animales en el Templo para perdonar los pecados del pueblo. El Cordero de Dios había dado su sangre y su vida, una vez por todos, para la redención de la raza humana. Por 3½ años más, los discípulos de Jesús continuaron confirmando el pacto con la casa de Israel, diciéndoles que Jesús era el Mesías prometido para su propia salvación. Pero en el 34 AD los gobernantes religiosos en Jerusalem no podían tolerar por mas tiempo la predicación de un Cristo resucitado y cabeza del cuerpo de creyentes. La persecución dispersó la iglesia por las ciudades de alrededor y la predicación se extendió también a los gentiles. Una vez más se efectuó el preciso cumplimiento de la semana setenta de Daniel 9:24-27.

Por misericordia los juicios sobre los que crucificaron y rechazaron al Hijo de Dios se demoraron por varios años hasta que "el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario..." En el 70 AD el ejército romano bajo el comando del Príncipe Tito trajo la destrucción, la ruina, y la desolación profetizada sobre Jerusalem. (Dan. 9:26)

Con las setenta semanas el Mesías nos trajo reconciliación, salvación y justificación. El sacrificio del Cordero de Dios en la cruz del Calvario hizo provisión para que todo ser humano en la tierra alcanzara la salvación; pero no todos se salvan porque muchos se van tras otros dioses. Al ascender al cielo para "ungir al Santo de los santos" Jesus entró al Sanctuario Celestial y fue ungido como 'el gran Pontífice, Mediador del Nuevo Pacto', ministrando los méritos de su sangre redentora para el perdón de los pecados de cada persona que se allega a él. El tabernáculo de Moisés y Aaron era solo una sombra o figura del verdadero Sanctuario en los cielos, pero nos enseña, para poder ver por la fe a nuestro Pontífice ministrando a favor de sus seguidores. El Abogado, ahora en el Juicio, tiene el poder de colocar su vida pura y justa en lugar del afligido penitente y por gracia concederle vida eterna con su nombre en el Libro de la Vida.

Si las setenta semanas de Daniel 9:24 tuvieron un cumplimiento preciso, señalando el ministerio del Mesías en la tierra desde el otoño del 27 AD hasta la primavera del 31 AD, entonces por fe, el creyente puede ver el final de los 2300 años y a Jesucristo-el abogado defensor entrando en la Corte del Juicio con misericordia y justicia para conceder Vida Eterna a los herederos del reino de Dios. (Daniel 7:9, 10, 13; Hebrews 7, 8, 9; 1 John 2:1)

Nadie en la tierra puede juzgar quien será salvo, o quien se perderá, solamente "el Señor, juez justo." (2 Tim. 4:8) Bienaventurados son aquellos cuyos nombres "están escritos en el libro de la vida del Cordero." (Apoc. 21:27) En la Segunda Venida de Cristo, si están muertos, a la última trompeta, se levantarán con cuerpos inmortales; si están vivos, su cuerpo mortal será cambiado, en un abrir y cerrar de ojo, a un cuerpo inmortal listo para ascender a Jesús y acompañarle en el viaje a las mansiones celestiales, donde ha de morar por mil años. (1 Tesa. 4:14-17)

 

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