Versoprofetico

¿Porqué Jesús tuvo que sufrir tanto? Vea lo que Versoprofetico dice acerca de

Los Sufrimientos del Mesías.

 

Isaías 53:5 - "Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados."

El profeta Isaías, más de 700 años antes de Cristo, describió los sufrimientos del siervo del Señor en este verso, y en relación con este asunto, todo el capítulo 53 se aplica al Mesías, no como un guerrero poderoso y lleno de victorias capaz de libertar a Israel de los Romanos, sino como el Cordero de Dios que da su vida, en carne humana, por los pecados de cada ser humano en el mundo. Más de una vez, Jesús dijo a sus discípulos lo que iba a sucederle: "el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los Gentiles: Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará." Marcos 10:33,34. ¿Sucedió de esa manera?

En la semana de la Pascua, del 31 AD, Jesús fue arrestado, llevado ante Annas, Caiaphas, Herodes, Pilato, y entregado a la multitud y a los soldados Romanos para que le crucificaran. En el proceso lo azotaron; fue brutalmente abofeteado y golpeado violentamente hasta que su cuerpo quedó cubierto de contusiones sangrientas. ¿Por qué? ¿Por qué toda esa brutalidad? ¿Podremos encontrar una razón dentro de esa larga historia? ¿Podremos expresarla aquí con pocas palabras y algunos versos? Vamos a intentarlo.

El Hijo y el Padre tomaron placer en crear los mundos, y en crear seres vivos de todas clases. A los seres humanos así como a los ángeles les concedieron individualidad y libertad para pensar y para obrar dentro de los lazos del amor mutuo y de la ley divina. Había un ángel bien dotado, Lucifer, que empezó a mirar más a su propia belleza y confiar más en su sabiduría. Éste empezó a sentir descontento con el gobierno de Dios: de amor y de servicio. El egoísmo y el orgullo tomaron posesión de su carácter, y en dado tiempo Lucifer comenzó a divulgar sus sentimientos entre los ángeles: poniendo en duda el mismo carácter del Todopoderoso, y desdeñando la sabiduría de la ley de Dios. Al fin, Lucifer rompió totalmente los lazos de amor hacia su creador y procedió a trabajar en rebelión abierta. Isaías 14:12-14; Eze. 28:12-19; Apoc. 12:7-12.

Todo esfuerzo fue hecho para traer la mente de Lucifer dentro de la razón, y para demostrarle las consecuencias de romper el círculo de amor establecido por la Majestad del cielo. No hizo caso. Lucifer pudo persuadir la tercera parte de los ángeles para formar un reino con mayor libertad, siguiendo sus propios principios. En su desafiante decisión, Lucifer cruzó el punto de no retorno, y Miguel, (un nombre del Hijo de Dios) no tuvo otra alternativa que expulsarlo de las cortes celestiales, a fin de preservar el amor y la paz.

Cuatro mil años más tarde, esa semana de la Pascua, se encontraron frente a frente otra vez; el Hijo de Dios para ofrecerse como el Cordero de Dios, para rescatar la tierra y al hombre; y Satanás, en una tentativa feroz por romper el poder del Todopoderoso, allí mismo, y quedarse con el dominio de la tierra y de la raza humana por el tiempo de su vida. Mucho había sucedido mientras tanto: Dios había creado un ambiente lleno de vida en la tierra para una raza nueva y distinta; la cual, Dios creó en su propia imagen: nuestros primeros padres. A Adán y a Eva les fue dado libre albedrío también, porque en el amor están incluidos la libertad para pensar y para obrar. Ellos estaban seguros en el Edén si mantenían su amor y obediencia al Creador. Pero, Satanás encontró la manera de entrar, y pudo engañar a Eva. Adán y Eva desobedecieron, cambiaron su lealtad a Dios, por la mera obediencia al diablo. El hombre perdió todo, su comunión con Dios, su hogar en el paraíso, el dominio en la tierra, y su vida, porque el nuevo amo no tiene vida en sí para dar.

Aquí estaba el Hijo de Dios, viviendo en carne humana, para cumplir la misión del rescate, hecho un hombre. Como hombre, Jesús tenía la libertad de escoger, pero Jesús siempre decidió: "empero no se haga mi voluntad, sino la tuya." Cristo sufrió el trato sangriento de Satanás y el dolor de la muerte, obedeciendo y confiando en el Padre. El Creador había dicho a Adán, señalando el árbol del conocimiento del bien y del mal, "no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás." Gén. 2:17. El mismo Creador eligió venir en carne humana a pagar la pena; Cristo de acuerdo con el Padre pondría a un lado sus prerrogativas divinas para hacerse un hombre, convertirse en el Cordero del rescate y morir en el lugar del hombre. Jesús había dicho: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre." Juan 10:17,18.

Colgando en la cruz, en la oscuridad de la hora, al fin, Jesús, por fe, tuvo una vislumbre de su victoria sobre Satanás, la victoria del plan de la salvación, y con sus últimas fuerzas gritó: "Consumado es," y murió. En el Templo, el velo interior se razgó de arriba a abajo, el cuchillo y el cordero escaparon de las manos del sacerdote, como diciéndoles: estos sacrificios no son necesarios nunca más. Jesús se levantó de los muertos en la mañana del domingo, ascendió al Padre, y entró en el Templo celestial para oficiar como el Sumo Sacerdote y el Abogado defensor de la raza humana hasta que Él vuelva como el Rey de Reyes y Señor de Señores para rescatar a sus hijos de una tierra totalmente destruída.

 

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