Versoprofetico

Los nombres de aquéllos que viven hoy, podrían ser llamados a juicio en cualquier momento.

Los 2300 Días

 

Daniel 8:14 - "Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado."

Esta profecía dada por el ángel a Daniel se extendía hasta el futuro por 23 siglos o por 2300 años. Un día profético representa un año de acuerdo con Números 14:31 y Eze. 4:6. Cuente un año por cada día. Secciones de esta profecía están explicadas en los capítulos 7-9 del libro de Daniel.

Comenzando en el capítulo 7, Daniel ve, en vista panorámica, como pasan los reinos en la tierra, representados por cuatro diferente bestias. Ellos son Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Roma se divide entre las actuales naciones de Europa y como parte de esas divisiones llegó a ser un poder dominante bajo el imponente dominio del 'cuerno pequeño: hasta tiempo, tiempos, y el medio de un tiempo' (1260 años) Daniel 7:8,25. El poder político de Roma Papal se terminó, por un tiempo, en 1798 d. de C. Estudiantes de la Biblia comienzan a contar el tiempo del fin desde ese mismo año. Dan. 7:1-8.

Después que desfilaron los grandes poderes en la tierra y que el cuerno pequeño fue depuesto en 1798, Daniel ve el comienzo del Juicio en el cielo, el cual se convoca antes de la Segunda Venida de Cristo y el establecimiento del reino del Altísimo. Los 2300 años son dados para señalar el comienzo del Juicio. Dan. 7:9,10,13.

Daniel no podía entender la visión y fue necesario que el ángel regresara con más detalles: "Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad ..." Dan. 9:24. Setenta semanas proféticas o 490 años están cortadas o tomadas de los 2300 años y dadas a los Judíos, a 'tu pueblo.' ¿Cuándo empezar a contar? "Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos." Dan. 9:25.

Ciro, rey de Persia dio el primer decreto para edificar casa a Jehová, 537 a. de C. Esdras 1:2,3.

Darío Hystaspes dio el segundo decreto, 519 a. de C. Esdras 6:8.

Artajerjes dio el tercer decreto, 457 a. de C. Esdras 7:12,13,24-26.

Este último, en el 457 antes de Cristo, dio autoridad a los judíos para establecer su propio gobierno con autonomía nacional eligiendo magistrados y jueces. Partiendo del 457 a. de C. contamos un total de 69 semanas o 483 años para llegar al Mesías Príncipe. Jesús comenzó su ministerio como el Mesías, cuando vino a Juan el Bautista para ser bautizado, "en el año quince del imperio de Tiberio César," Lucas 3:1, el cual corresponde al año 27 después de Cristo. El mismo Jesús comenzó a predicar "El tiempo es cumplido." Marcos 1:15. Tome nota que las tres personas de la Divinidad estuvieron presentes para el bautismo de Jesús: el Espíritu Santo descendió como una paloma sobre Jesús, mientras que la voz del Padre desde el cielo decía 'Éste es mi Hijo amado.' Mateo 3:16,17.

Para completar los 490 años que esta profecía ha dedicado a los judíos tenemos que contar una semana más o siete años, en la cual el Mesías confirmará el pacto con la casa de Israel. Daniel 9:27. "Y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda ..." "se quitará la vida al Mesías." Dan. 9:26,27. Exactamente 3.5 años después del bautismo de Jesús, el Hijo de Dios fue crucificado en el Calvario en la primavera del año 31 d. de C., trayendo hacia su fin el sistema de sacrificios de animales, que ordenado por Dios, se había llevado a cabo por siglos como símbolo del verdadero Cordero de Dios. Al tiempo señalado el Cordero iba a dar su vida para expiar los pecados de cada ser humano. Durante los próximos 3.5 años los discípulos continuaron confirmando el pacto con el pueblo de Israel, diciéndoles que Jesús era el Mesías prometido. En el 34 d. de C. el consejo de los gobernantes en Jerusalén no podía tolerar por mas tiempo el creciente número de creyentes en Cristo, y todo terminó con una fuerte persecución y el apedreamiento de Esteban. Hechos 7:58-60. De aquí en adelante los discípulos salieron y comenzaron a predicar también a los Gentiles.

Note todo lo que se llevó a cabo en esa última semana. Daniel 9:24.

Acabar la prevaricación.-- El sacrificio de Jesús trajo la restauración de las relaciones rotas entre Dios y el hombre.

Concluir el pecado.-- Jesús cargó con los pecados del hombre.

Expiar la iniquidad.-- Cuando el hombre se arrepiente de sus pecados y los confiesa al Salvador, Jesús perdona esos pecados, pues su muerte pagó la demanda de muerte por la transgresión de la ley.

Traer la justicia de los siglos.-- Después de la caída de Adán, la humanidad se volvió malévola y perversa. Cristo impartirá su carácter justo y bueno a aquéllos que escogen seguirle. Mediante la fe y la obediencia, ellos lo harán suyo para siempre, por la eternidad.

Sellar la visión y la profecía.-- El cumplimiento preciso de las predicciones relacionadas con la venida del Mesías nos da la seguridad de que la limpieza del santuario celestial, al fin del tiempo, tomará lugar al tiempo señalado.

Ungir al Santo de los Santos.-- Con la ascención de Jesús, el ministerio de Cristo como Sumo Sacerdote en el Santuario celestial es inaugurado; desde entonces Cristo intercede continuamente por la raza humana, y para aquéllos que se allegan arrepentidos de su pecado al trono de la gracia, el Sacerdote divino aplica los méritos de su sangre redentora para perdonar la transgresión. Hebreos 9:11,12.

Si restamos 490 años del total de 2300 años, tenemos 1810 años que añadidos al año 34 d. de C. nos llevan al año 1844 después de Cristo. Si la primera parte de 490 años se cumplió puntualmente, entonces por fe, el creyente puede ver al Hijo del hombre viniendo al Anciano de grande edad para comenzar el Juicio al tiempo determinado por la profecía. Daniel 7:9,10,13.

Hubo un gran despertar religioso en América, llegando al 1844, motivado por las profecías de la Biblia. Guillermo Miller y sus seguidores pudieron calcular el año correcto, pero ellos no supieron que quería decir "el santuario será purificado." Pensaron que la tierra sería purificada con la venida de Jesús. La fecha pasó sobre ellos con amarga desilución y pena. Algunos creyentes continuaron rogando a Dios por sabiduría profética. Con el tiempo sus mentes fueron enfocadas hacia los servicios del santuario en el desierto, y a los sacrificios en el día de expiación, una vez al año, para purificar el santuario. Vieron que el santuario dado a Moisés y Aarón era una figura o copia del verdadero tabernáculo en el cielo, adonde el Señor, después de derramar su sangre en la tierra por los pecados del mundo, entraría como Sumo Sacerdote para aplicar los méritos de su sangre para el perdón de los pecados.

Para obtener una idea mas certera de los servicios que se llevan a cabo en el santuario celestial, demos una mirada a unos pocos de los servicios del tabernáculo en los tiempos de Moisés y Aarón.

1.-- El continuo, el sacrificio continuo u ofrenda encendida. Exo. 29:38,39. La congregación proveía dos corderos, uno por la mañana y el otro al atardecer. Este cordero representaba al Cargador de nuestros pecados. El sacerdote ponía sus manos sobre la cabeza del cordero para confesar los pecados del pueblo e implorar el favor divino sobre la congregación. Degollaba al cordero y cogía la sangre para rociarla "sobre el altar alrededor." Lev. 1:10,11. Entonces después de lavar y limpiar la ofrenda, el sacerdote ponía en orden las partes sobre la leña y el fuego que ardían como ofrenda a Dios. El cordero de la tarde ardería lentamente durante toda la noche hasta que el sacrificio de la mañana fuese ofrecido, y éste ardería hasta encontrarse con el cordero de la tarde otra vez. Lev. 6:8-13. Fue un gran alivio para los hijos de Israel, allí cerca o desde lejos, el saber que al arrepentirse de algún pecado, había en el tabernáculo un sacrificio continuo intercediendo a su favor por el perdón de la transgresión y la reconciliación con Dios.

2.-- La ofrenda por el pecado. De los cuatro tipos de ofrenda, vamos a tomar el caso de un pecador común del pueblo. Lev. 4:27,28,32. El pecador se presentará ante el sacerdote trayendo una cabra o una cordera; pondrá sus manos sobre la cabeza del animal y confesará su pecado. Su pecado es transferido a la cordera. Este cordero también representa a Cristo, el que Carga con nuestros pecados. El pecador toma el cuchillo y deguella la cordera. Entonces el sacerdote, como mediador, pone su dedo en la sangre y transfiere, con sus huellas ensangrentadas, el pecado a los cuernos del altar de la ofrenda encendida. Lev. 4:29-35; 5:5. Este pecador ha confesado su pecado, ha sido perdonado, y se va libre de la culpabilidad de haber transgredido uno de los mandamientos de la ley de Dios. Exo. 20:3-17. En vez de él tener que morir, el cordero murió por él.

3.-- El Día de la Expiación. Una vez al año, en el mes séptimo, el día 10 de Tisri, la congregación entera se reunía para el Día de la Expiación. Se limpiaba el santuario de todos los pecados acumulados durante el año. Lev. capítulo 16. Ese día, las transgresiones a la ley de Dios se removían del santuario y del historial de cualquier persona, y si no, esa persona era cortada de entre el pueblo. Era un día de juicio, de vida o muerte.

Se traían dos machos cabríos a la puerta del tabernáculo y se presentaban delante de Jehová para la expiación de los pecados. Uno de ellos se tomaba para el Señor, y el otro se dejaba para enviarlo al desierto por Azazel. Lev. 16:5,7,8.

El Sumo Sacerdote tenía que expiar primero por sí mismo y por su casa. Él representaba la congregación, y como su mediador, Él estaba identificado con los pecados del pueblo; y en algunos casos, el sacerdote tomaba los pecados sobre sí mismo al comer de la carne de la ofrenda por el pecado. Después de confesar poniendo las manos sobre la cabeza de un becerro para su expiación, lo mataría para su ofrenda por el pecado. Lev. 16:3,6,11. El Sumo Sacerdote toma un incensario lleno de brasas de fuego y suficiente incienso para crear una nube protectora al entrar a la presencia de Dios dentro del lugar Santísimo. Con sus dedos Él esparce de la sangre del becerro sobre la cubierta del arca y delante del propiciatorio siete veces. Lev. 16:12-14. Con este acto, el Sumo Sacerdote ha confesado sus pecados; Dios ha aceptado la sangre del sustituto para satisfacer la justicia de la Ley, sus pecados han sido transferidos al santuario, es perdonado, y ahora limpio de toda falta e inmundicia sale al atrio para ser visto como tipo del Uno Sin Pecado.

Ahora, el Sumo Sacerdote toma el macho cabrío que fue designado para el Señor, y sin confesar pecados ni poner manos en la cabeza del animal, degollará al macho cabrío escogido para expiar los pecados del pueblo. Este macho cabrío representa al Uno Sin Pecado, y como tal su sangre tiene poderes expiatorios. El Sumo Sacerdote hará con la sangre como hizo con la sangre del becerro, la rociará sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio siete veces. Lev. 16:15.

Saliendo del lugar Santísimo al lugar Santo donde los pecados se han acumulado, el Sumo Sacerdote hará expiación, con la sangre del macho cabrío, por el altar del incienso y el área delante del velo, porque las inmundicias y las transgresiones de los hijos de Israel han contaminado el santuario. Lev. 16:16; Exo. 30:10.

El Sumo Sacerdote sale del santuario para aplicar de la sangre del becerro sobre los cuernos alrededor del altar de las ofrendas encendidas y después aplica la sangre expiatoria del macho cabrío sobre los cuernos alrededor del altar. Con sus dedos esparcirá la sangre siete veces sobre el altar para limpiarlo, santificarlo y consagrarlo a Dios. Lev. 16:18,19.

Fue necesario aplicar de la sangre del becerro sobre los cuernos del altar para tener un registro de confesión y perdón de los pecados de aquellas personas que se arrepintieron de sus pecados a través del sacrificio continuo, pero nunca pudieron confesar su pecado con una ofrenda por el pecado. Si todavía había arrepentimiento en sus corazones, la sangre del macho cabrío limpiaría sus pecados; y si no, ellos fueron cortados de entre el pueblo.

La responsabilidad del pecador en su pecado fue confesada, perdonada, limpiada, y borrada; pero, todavía quedaba una gran porción del pecado que caía sobre la cabeza del instigador, sobre la cabeza de Satanás. El Sumo Sacerdote pondría ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío por Azazel, confesando y poniendo sobre él todas las iniquidades y transgresiones de los hijos de Israel. Por último el macho cabrío cargado de pecados es llevado al desierto para que perezca. Lev. 16:20-22.

Cada cosa descrita aquí acerca del santuario en el desierto, de por sí, enfoca la mente en una persona y en un lugar. La figura central es JesuCristo, el Hijo de Dios, y el lugar es el Santuario Celestial. Jesús, nuestro Señor, tomó sobre sí carne humana, para como hombre llegar a ser el Cordero que derramó su sangre para expiar los pecados de la humanidad. Jesús hizo eso; se ofreció una sola vez por todos los hombres sobre la cruz del Calvario. Se ofreció como El Cargador de los pecados para morir en lugar del transgresor de la Ley de Dios.

Siendo que Jesús sirvió al Padre con amor y obediencia, no tuvo pecado en Sí mismo; Él fue el Uno Sin Pecado, con poder para ofrecerse a Sí mismo y dar su sangre y su vida por el rescate del pecador y de su pena de muerte. Dios es la fuente de la vida, y la vida está en la sangre de Jesús. Cuando vamos a Jesús encontramos vida. Cuando nos alejamos de Él encontramos muerte. Todo ser humano tiene libertad para pensar y libertad para escoger su camino. Aquí se ruega para que ninguna persona que lea estas lineas cometa el pecado de degradar el carácter de Jesús al bajo nivel de los pecadores de estos días. "Santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho mas sublime que los cielos." Hebreos 7:26.

Después de su resurrección, Jesús ascendió al Padre para entrar en el Santuario Celestial como Sumo Sacerdote del nuevo pacto. Él es el mediador del continuo, el ministerio diario de los méritos de su sangre a favor de aquellos que confiesan, se arrepienten, y ruegan por Un Salvador. Cuando los pecados se confiesan, los pecados se perdonan por la sangre del Cordero. "Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre." 1 Tim. 2:5. "Por lo cual [Jesús] puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" Hebreos 7:22-27.

Lamentablemente, esta gran verdad del ministerio sacerdotal de Jesús en el Templo Celestial para perdonar los pecados del pueblo fue hechada por tierra por la apostasía de la misma iglesia Cristiana durante la Edad Media. Por ignorancia o rebelión, los prelados, desechando el ministerio de Cristo en el Templo Celestial, establecieron un sacerdocio de hombres para que perdonen pecados. 2 Tes. 2:3,4.

No obstante el desacato profano a la autoridad divina por desechar el sacerdocio del Ungido de Dios por largos siglos, ahora cuando el Evangelio es llevado con el poder del Espíritu a toda criatura, Dios ha designado el mensaje de los tres ángeles para proclamar al mundo la solemne advertencia de la hora del Juicio, cuando el Hijo del hombre ha pasado del lugar Santo al lugar Santísimo para purificar el Santuario. Dan. 7:9,10,13. "Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida." Apoc. 14:6,7. "Y luego vendrá a su templo el Señor a quien vosotros buscáis." Mal. 3;1.

Los pecados de todos los hombres están registrados en el Templo Celestial. Cuando ha habido confesión y arrepentimiento, Jesús el Sumo Sacerdote ha aplicado el perdón sobre el pecado y sobre el nombre de esa persona. Este juicio no considera los nombres de pecadores rebeldes, que han rechazado la gracia divina. Entre los arrepentidos, comenzando con Adán, el Juicio examina cada nombre, con referencia a la Ley de Dios, los Diez Mandamientos. Nuestro Sumo Sacerdote, Jesús el Abogado Defensor, conoce el corazón de cada uno, y si el carácter de Jesús se encuentra en esa persona, Jesucristo reclamará al tal como Suyo; la sangre del Uno Sin Pecado borrará todo pecado y cada transgresión. Como se hace con los que descansan en la tumba, será hecho con el pueblo de Dios, que vive todavía, durante la persecución, el fuerte clamor, y el sellamiento. Su nombre quedará limpio y claro en el Libro de la Vida para el día cuando Cristo regresa a buscar a sus hijos.

El Juicio se hace para beneficio de los seres no caídos en el vasto universo de Dios. Ellos no pueden leer el corazón como Dios puede. Por eso los libros se abren, para que ellos vean cada cosa que está en la mente y en el corazón de cada persona, además de sus hechos; y que la misericordia y la justicia de Dios es aplicada a los que han sido verdaderamente convertidos para dejarlos entrar en el reino de amor y paz. Al final del Juicio, este reino y este dominio le es dado a Cristo. Dan. 7:14. Y si tú sientes una sensación de desespero al leer estas líneas, pon tu confianza en Jesús. El carácter justo de Jesús está disponible para cada ser humano. Rinde tu vida a Él con amor y obediencia, y el carácter sin tacha de Jesús, por fe, te será impartido cuando tú le recibes como tu Salvador Personal.

En el Juicio, antes de terminar, pasarán juicio sobre la grande ramera que domina el mundo, por esconder y robarse el ministerio salvador de Cristo, en el Templo Celestial, por los pecadores del mundo. Apoc. 17:1,16.

Entonces el Juicio terminará; El Sumo Sacerdote se levantará, y pronunciará el veredicto final de Apoc. 22:11. Dan. 12:1. Los pecados que quedan, Cristo los pondrá sobre la cabeza de Satanás, quien después de la Segunda Venida quedará solo, con sus ángeles caídos, por mil años, en esta tierra oscura. Jer. 4:23-28.

Cuando Cristo sale del Templo, el Juicio ha terminado, la puerta de la salvación se ha cerrado para siempre. Las siete postreras plagas empiezan a caer sobre los pecadores impenitentes, y en pocos días, la majestad y la gloria del Rey de Reyes ha de razgar el cielo con el resplandor divino y la trompeta de Dios para rescatar a su pueblo. Apoc. 15; 16; 19:11-21.

 

 

 

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