Versoprofetico

La raza humana tiene una sóla gran esperanza, y esa esperanza se puede obtener solamente por medio de Jesucristo, quién fué el vencedor en

La Resurreccion

 

Job 19:26 - "Y después de desecha esta mi piel, aun he de ver en mi carne a Dios."

Job, un hombre de la era de los patriarcas, fué sujeto a una dolorosa y dramática destrucción de su familia y posesiones terrenales, y aún así siguíó siendo leal a su Dios. Otra vez, Satanás trajo sobre él un terrible sufrimiento con una sarna maligna que cubría su cuerpo entero. Pero Job no culpó ni blasfemó el nombre de Dios por sus pérdidas y sufrimientos; en medio de su aflicción, Job alabó el nombre deDios. Su fe fué más allá de la muerte, al futuro, cuando su Redentor lo levantaría del sepulcro, por eso dijo: "he de ver en mi carne a Dios" Job 19:25-27. Ésa es la esperanza de la resurrección. Hasta ese tiempo, no había registro de ningún ser humano resucitado. Moisés fué resucitado después de su muerte, antes de cruzar el Jordán. Judas 9.

Entonces el Hijo de Dios, el Creador, que tiene vida en sí, vino a esta tierra para ser un hombre; y como el Cordero de Dios, ofrecerse como sacrificio expiatorio por los pecados del mundo. Juan 5:26.

Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida." Juan 11:25. Movido con compasión Él devolvió la vida al hijo de la viuda de Naín, Lucas 7:11-15, y a la hija de Jairo, Marcos 5:35-42. Cuando dijeron a Jesús que su amigo Lazaro estaba enfermo de muerte, Él esperó donde estaba. Cuando Jesús llegó a Bethania, Lázaro había muerto cuatro días antes y estaba ya en la tumba. Entonces el Dador de la Vida dijo: "Lázaro, ven fuera." y el que había muerto, se levantó y salió de la tumba. Juan 11:4-44.

De su propia vida Jesús dijo: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre." Juan 10:17,18. Colgado en la cruz, ese viernes de Pascua, a la novena hora (3:00 P.M..) Jesús dió su vida. Bajo la agonía de cargar los pecados del mundo, el corazón del Cordero de Dios se rompió dentro de su pecho. Jesús murió para pagar la pena de muerte y de la separación que vino sobre nuestros padres cuando eligieron servir y obedecer a Satanás en vez de al Dios Creador. Dios mismo era el Redentor. Cuando Jesús murió, el velo en el interior del templo se razgó de arriba a abajo, un terremoto sacudió la tierra, el cuchillo cayó al suelo y el cordero se escapó de las manos del sacerdote. Esos sacrificios de animales señalaban hacia el verdadero Cordero de Dios, hacia la muerte de Cristo, y no se necesitaban nunca más.

Después del Sábado de descanso en la tumba, el Salvador resucitó al tercer día, en la mañana del Domingo. La resurrección de Cristo es la esperanza única y suprema para toda la raza humana. Con su muerte y resurrección, Él conquistó y venció el poder de la muerte para siempre; y ahora cuando descendemos a la tumba, con la fe en Jesús, tenemos una promesa segura, que Jesús nos llamará de nuevo a la vida en la mañana de la resurrección. Jesucristo, ascendiendo a su Padre, tomó un grupo de los fieles que resucitaron con Él, como los primeros frutos o trofeos de este mundo, para presentarlos al Padre. Mateo. 27:52,53. Hay dos grandes resurrecciones programadas para el futuro: primero, la resurrección de vida; después en segundo lugar, la resurrección de condenación. Jesús dijo: "No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación. Juan 5:28,29.

La primera resurrección ocurre a la segunda venida de Cristo. Al sonido de trompetas, aquellos que oyen a Jesús llamándoles a despertar, salen de sus tumbas revestidos de vida eterna para encontrarse con el Señor en el aire. Solamente los que Jesús llevará al cielo por mil años, y que sus nombres están en el Libro de la Vida oirán la voz de Jesús, y se han de levantar con un cuerpo nuevo e incorruptible. Ésta es la resurrección de la vida. 1 Tesa. 4:14-17; 1 Cor. 15:51-55. Algunos días antes de la segunda venida, por la voz de Dios desde el cielo, una resurrección parcial ocurre: algunos pertenecen a la resurrección de la vida; pero otros pertenecen a la resurrección de condenación y han de morir otra vez, porque crucificaron a Jesús. Apoc. 16:17, 1:7; Marcos 14:62; Daniel 12:2.

La segunda resurrección, la resurrección de condenación, ocurre mil años después de la primera resurrección. Cada persona que no tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida permanece en el polvo de la tierra para ser levantada por la voz de Cristo en su tercera venida. Cuando los pies del Señor tocan el Monte de las Olivas, un gran valle se prepara para ser la fundación de la Nueva Jerusalén, que todos ven como desciende del cielo. Zaca. 14:4. Por las puertas de perlas entran los hijos del reino. Fuera de la ciudad están los que no aceptaron la salvación ofrecida por Cristo, nunca se arrepintieron, pisotearon la ley de Dios, y prefirieron seguir al mundo y los principios del gobierno de Satanás. Ahora sienten el dolor de estar entre los perdidos. Es el día grande del juicio para los pecadores. El trono blanco de Dios aparece por encima de la ciudad y el juez está sentado en él. El pasado vuelve a la mente de cada uno, cómo rechazaron la invitación de seguir al Señor. La sentencia final, como pavoroso rayo, llega a los oídos de la muchedumbre condenada a perecer.

Los malvados reconocen la justicia de Dios y su propia rebeldía contra el gobierno de Dios. "Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios." Romanos 14:11. Éste es el momento, éste es el lugar. El ejército entero de esa generación descuidada e irresponsable se arrodilla ante la Divina Majestad y de sus labios salen sus últimas palabras: "justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos." Apoc. 15:3. Ellos fueron resucitados para ver la conclusión de la gran controversia entre el bien y el mal, Satanás y Cristo, y para experimentar la justicia de Dios, por elección propia, en su misma carne. Los redimidos son protegidos por el Todopoderoso dentro de la ciudad, pero afuera, la tierra entera se convierte en el lago de fuego, en donde Satanás, sus ángeles, y los malvados perecen en el fuego. Cuando el fuego termina su obra, Dios hace una nueva creación, según su promesa. Apoc. 21 y 22.

 

 

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